
El burnout o síndrome del quemado
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Inicio » Blog » Psicología de pareja » Apego evitativo: la tentación de poner distancia
En una sociedad de conexiones cada vez más superficiales – o líquidas, como las llama Bauman -, las personas aún seguimos buscando un vínculo de afecto seguro con otras, a pesar del aumento de la dificultad en conseguirlos. La evitación de la experiencia de conectar de manera profunda con alguien contrasta con ese fuerte deseo de encontrar a “la persona” que nos acompañe en nuestro recorrido vital; la realidad es que nos encontramos cada vez más con situaciones propias de un apego evitativo. Por ejemplo, aquellos que nos dicen que “no quieren nada serio”, o expresado de forma mucho más poética y autocomplaciente, que “son almas libres” y no “quieren atarse”, expresiones que ya nos advierten de que nos vamos a encontrar con conductas evitativas y con un obstáculo infranqueable a poco que queramos profundizar en la relación.
Hoy en día casi todo el mundo conoce la teoría del apego de Bowlby y sus desarrollos posteriores, y puede diferenciar los cuatro estilos principales de tipos de apego, el apego seguro, el apego ansioso y ambivalente, el apego evitativo y el apego desorganizado. Sin embargo, en la práctica hay que tener en cuenta que es difícil encajar muy claramente en uno de estos grupos – suele haber elementos de más de uno, y va a depender del tipo de relación y del contexto -, por lo que hay diferencias individuales. Los cuatro estilos se definen a partir de dos características principales: la autorregulación emocional – en otras palabras, el nivel de ansiedad de la persona -, que da la medida de su autoconcepto, y el grado de evitación del contacto con los demás.
Hay muchos motivos por los cuales una persona va a tender a distanciarse de un contacto muy estrecho con otros seres humanos, producto de aprendizajes vitales y decisiones existenciales sobre los demás. Puede tratarse de desconfianza por miedo a resultar dañados, de simple desinterés por relacionarse o también porque considere al resto como sujetos a su servicio, de los cuales obtener beneficios y ya está. En general, las personas evitativas con mayores niveles de ansiedad – y, por tanto, peor concepto de sí mismas – van a tender a alejarse por temor, mientras que aquellas que están razonablemente seguras de su autonomía limitan su capacidad de intimar por considerar a los demás como objetos para su disfrute y poco más.
El apego evitativo – o evitativo distante, para diferenciarlo del apego desorganizado – incluye así a perfiles de tipo explotador, narcisista o de un egocentrismo muy desarrollado, además de aquellos más desinteresados por la interacción humana. Las relaciones que este grupo de personas manipulativas establecen parten de la base de tomar distancia de un contacto que les haga exponer sentimientos o necesidades – nada de “sentirse débiles”, es munición para el “contrario” – y optan por unas relaciones utilitarias de satisfacción de necesidades. Que no tienen por qué ser unidireccionales; pueden corresponder en la medida en que satisfacerte no suponga un coste emocional o vaya en la dirección de consolidar una conexión de intimidad.
Son perfiles que pueden llegar a desesperar a la otra parte, que normalmente se queja de que no expresan, no hablan de sus necesidades o bien que perciben desconexión sentimental. No es raro que la reacción sea buscar más contacto, a lo que el evitativo va a responder alejándose aún más, por lo que en no pocas ocasiones acabará huyendo de la relación. Otra posibilidad es que la persona que intenta “establecer contacto” con ellos acabe dejando la cuestión por imposible, y se vaya sintiéndose agotada y fracasada.
Los egoístas más alejados van a priorizar siempre sus necesidades personales, y te puedes encontrar que una vez pasado el interés del inicio, tu flamante nuevo novio pasa los fines de semana con la Play y los amigos, sin hacerte demasiado caso. Los narcisistas te van a mantener a su lado mientras les interese; en el momento en que decidan que se han aburrido de ti – que suele ocurrir en cuanto les llevas la contraria, desarrollas tus proyectos vitales propios, o destacas más de lo que pueden soportar -, te dejan de golpe y porrazo en un movimiento premeditado y muchas veces contundente. Eso sí, por tu culpa.
Hay muchos indicios que un evitativo distante va dejando, como por ejemplo comentarios de tipo “no te vayas a enamorar”, “yo no quiero hacerte daño”, “soy muy independiente, no necesito a nadie” y demás avisos previos, pero el más evidente lo supone la imposibilidad de conexión íntima – aunque te diga que te quiere, te va a sonar poco auténtico, forzado o ambiguo -, la priorización de sus intereses – te encontrarás haciendo casi siempre lo que le apetezca – y la desatención de tus necesidades y puntos de vista.
Este estilo también evita intimidad, pero dado que implica una ansiedad alta por parte de la persona, el resultado viene a ser un conjunto de intercambios caóticos en la dinámica de la relación. Hay una inestabilidad de fondo, ya que es incapaz de dar respuestas consistentes; en ocasiones te amará o buscará el vínculo, normalmente movida por sus carencias o necesidades – miedo al abandono -, pero igualmente le va a costar confiar en ti, ya que siente que no puede fiarse de los demás. Una mala experiencia con una pareja muy explotadora puede generar un temor intenso a ser engañado de nuevo que nos haga estar ambivalentes con respecto a nuestra nueva relación, pero también un ambiente familiar de mentiras, engaños o directrices contradictorias.
La diferencia con los estilos de apego ansioso, que sí desean vincularse, es precisamente la incapacidad para establecer intimidad, por lo que será superficial o limitada. El evitativo desorganizado va a dar señales que pueden ser interpretadas como un deseo de acercamiento, pero de forma dispersa e inconsistente – por ejemplo, puede estar presentándote a su familia al mismo tiempo que está valorando cómo dejarte -. Igual que el anterior, va a evitar o reprimir la expresión emocional – que puede ser selectiva, siendo la ira una de las favoritas a la hora de ocultar lo que se siente -.
Aunque pueda parecer lo contrario, un apego evitativo no tiene por qué vivir solo y alejado del contacto humano. Muchos de ellos son personas muy funcionales, de buen carácter, con amistades y un historial sexual o de parejas variado; el problema aparece a la hora de profundizar en un vínculo más íntimo, auténtico y prolongado.
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